El Síndrome de la Soledad. Capítulo 3

8:00 Carla García 2 Comments



¡Hola ardillitas!

Lo digo cada vez que publico un nuevo post pero para que quede claro: No soy escritora ni pretendo serlo. Escribí esto con 14 años y no le cambié nada, lo dejé tal cual. Estos relatos- o especie de- no pretenden contar una historia sino un sentimiento a través del mundo interior de Sofía, al principio no engancha porque hay que conocer lo que siente y la agonía interior que sufre, pero al final se verá realmente quién se esconde detrás de ese sufrimiento provocado por la misma persona. 






- ¿Cuánto tiempo llevas sin hablar con alguien fuera de casa o la escuela, Sofía?- Escuchó la misma pregunta de siempre teniendo en frente a la misma orientadora de siempre con sus gafas de pasta marrones y su pelo rizo alborotado, mirándola como si fuese un alma perdida o un animal en extinción, como si ella no fuese nada sino tenía su ayuda.- Tu madre me dice que no articulas palabra en casa.

¿Por qué tendría que responder a aquella mujer? Ni siquiera la conocía. No sabía cuál era su música favorita, ni nadie, qué le gustaba comer, cuantos lunares tenía... Era una extraña, y sino hablaba con sus padres de lo que sentía, ¿Por qué creía que a un extraño si se lo diría?

- Anda, respóndeme- Le escuchó decir impaciente.

- No lo sé, no llevo la cuenta de todo.- Dijo tajante Sofía. Ella no era una persona nerviosa, para nada, ni agresiva. Aquella orientadora siempre sacaba lo peor de ella, cuando la tenía cerca intentando ahondar en ella más rabia acumulaba hacia su persona. 

- Ya empiezas con el carácter...

Y de nuevo la misma frase. Sino sacaba su carácter era problemático y si lo hacía también. Aquella mujer ni siquiera debía estar enseñando en un colegio. Sofía la había visto intentando ligar, si se puede llamar así, con el conserje y el profesor de inglés de cuarto en el mismo día. Era escandalosa por muy guapa que fuese a la vista. 

Salió de aquella sala acalorada y algo irritada, como siempre. Se dispuso a salir de la escuela cruzándose entre los alumnos, haciéndose pequeñita entre la gente, como siempre, pero algo la detuvo. 

Volvía a suceder otra vez. María Ibañez y sus antiguas amigas volvían a atemorizar a la alumna pelirroja de primero. Casi ni llegaba a la altura de su hombro y su mochila amarilla hacía que la reconociesen en cualquier parte del colegio. Parecía ser feliz, al menos al principio, hasta que el séquito del mal- como las había apodado Sofía- la perseguían, empujaban o atemorizaban por simple gusto. Algo que a Sofía debería darle igual porque no era a ella a quién se lo hacían, pero verlo hacía que el carácter que salía con la orientadora aflorase para enfrentarse a ellas.

Esta vez parecía que a Gemma "la poderosa", así se hacía llamar ella, le molestaba su presencia en el pasillo y por ese simple hecho había tirado todos los libros que la pequeña cargaba en las manos. Sofía tuvo que apartarse hacia una pared y apretar ambas manos para no salir en su defensa, debía controlar sus emociones y no dejarlas salir. 

Una imagen se cruzó por su cabeza, un rostro más que familiar que hacía tiempo que no veía ya se pasó por su retina impidiendo la vista de lo que realmente estaba sucediendo. Su cara, ya soñada tantas otras veces, estaba de nuevo en la cabeza de Sofía, parecía tan real que semejaba estar delante de ella, como siempre, sonriendo y alentando a que ella la persiguiera para hacer una carrera hacia los columpios cercanos a su edificio. Allí estaba Alex, tan vívido y tan lejos como siempre. 

Pero cuando pensaba en él no era la única imagen que veía, sino que podía recordar con total claridad como aquellos chicos más altos y musculosos que él le pegaban y empujaban en el patio, haciendo que su cara se topase con la pared del edificio del colegio y que se rompiese la nariz. Podía escuchar sus lloros y lamentos, sus súplicas y las risas de los demás chicos. Podía recordar sus pantalones bajados y las carcajadas generales... Podía verlo todo de nuevo, y su cabeza se nublaba con aquello. 

Sofía volvió al mundo real y vio como la orientadora reprendía a Gemma y el séquito del mal por atacar aquella pequeña. Sofía pudo respirar de nuevo y esta vez si que siguió hacia la salida. Ese día su madre iba a venir a recogerla porque sabía que iba a hablar con la orientadora.

Entró en el coche y tan pronto como se puso el cinturón su madre le preguntó qué tal con la orientadora. Sofía quería gritar y llorar a la vez, contarle a su madre que había recordado a Alex, pero no de la forma que le habían dicho que era la correcta. Pero su madre se preocupaba por la actitud de Sofía y no por lo que llevaba por dentro, eso para ella era innecesario.

Por eso prefería estar sola, porque todo el mundo parecía vivir para el exterior y no para el interior.


¡Muchas gracias!




¡Un abrazote! 

2 comentarios:

  1. Me está gustando. El Síndrome de la Soledad. Esperando a más capítulos.

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    1. Me alegro mucho que te guste, y pronto vendrán ¡Un saludo!

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