El amor en los tiempos de internet. Capítulo 2 (Parte 2)

6:56 Carla García 0 Comments



¡Hola ardillitas!

Hoy de nuevo, os traigo esta especie de relatos diferentes en cada capítulo, esta vez vengo con la segunda parte del capítulo 2 porque sino se hacía muy largo. 

Os dejo aquí la primera parte por si queréis ir a repasarlo o leerlo. 

Sin decir nada más, allá va.





Los días transcurrían y Alberto todavía no era capaz de analizar y tragar todos los sentimientos que abordaban su cuerpo. Sofía ya no era su Sofía, o eso parecía, desde aquel día en la parada del autobús no había vuelto a hablar con ella como siempre. No le respondía a sus mensajes, no lo esperaba en la parada del autobús, no iba a ver el fútbol y los conciertos extraños con él... Y eso le estaba matando poco a poco. En lugar de eso, cuando la veía, siempre iba acompañada de un tal Pablo con el que parecía que iba en serio. 

Él tenía a Jennifer, tanto en la ciudad, como en el pueblo. Era una chica que le atraía muchísimo y que era una buena acompañante para ver una película, pero no era ella... No era Sofía. 

Dos meses habían pasado ya, el tiempo se le hacía eterno. Alberto no se había dado cuenta hasta que, después de ese período de tiempo pisó su pueblo por primera vez. Su madre lo esperaba en la parada de autobús con lágrimas en los ojos. No es que no le hiciese ilusión ver a su madre pero estaba acostumbrado a ver a otra persona esperándole. Y sí, detrás de su madre apareció una cabecita, una que no esperaba ver aunque quería y deseaba hacerlo. Allí estaba ella, más radiante que nunca, vestida con un pantalón vaquero y una camiseta blanca, pero que en ella parecían un vestido rojo de lo más bonito. Con una sonrisa tímida y sus eternas mejillas sonrojadas. Sí, la había echado de menos. 

Alberto se quedó mirándola sin saber bien qué hacer, hasta que, se fijó que en sus manos había una caja que él mismo le había regalado con muchos DVD's de películas. Ella dio varios pasos hacia adelante y lo saludó levemente con la cabeza. El ambiente era frío, se notaba que no quería contacto con él, algo que a Alberto le dolió y le hizo tragar saliva. Su madre se apartó un par de pasos y se convirtió en una espectadora de cómo a su hijo se le iba partiendo más el corazón sin darse tan siquiera él mismo cuenta. Sofía le entregó una caja llena con todos sus recuerdos: el álbum que el le había hecho, todas las entradas de cine que guardaban ambos como colección, recuerdos de un par de viajes juntos, etc.

- ¿Por qué?- Pronunció él haciendo que ella abriese algo la boca y los ojos se le llenasen de lágrimas.

- Porque es lo mejor- Susurró ella sin ser capaz de mirarlo a los ojos, con miedo de romperse en frente de él.

- No entiendo qué ha pasado, Sof.

La madre de Alberto hacía un par de minutos que se había ido alejando del lugar, todo el mundo que veía la escena podía ver una tormenta de sentimientos rodeándolos, algo que ellos mismos notaban en su propia piel. 

- Que yo te quiero y tú a mí no, y tenemos que avanzar eso ha pasado.- Esta vez si lo miró, y él pudo ver como una lágrima descendía de esos ojos que tanto cariño le habían aportado otras veces.

- ¡Claro que te quiero!- Murmuró él.

- Pero no de la misma manera que yo a ti.

La situación para Sofía era ya inaguantable, después de aquella frase simplemente se dio la vuelta y simplemente se fue. Dejando la caja en las manos de Alberto y un sentimiento enorme de confusión en él. 

Esa misma noche, Alberto, después de un largo período de tiempo no se refugio en los brazos de Jennifer sino en los de sus amigos del pueblo. Estaban todos rodeándolo, y él se sentía como si nunca hubiese dejado de venir a visitarles, como si todo siguiera donde estaba antes, o después de Sofía, ya no sabía ni cómo llevarlo. De nuevo ese sentimiento de estar muerto en vida volvió a aparecer al recordarla.

- ¡Venga, Beto! Es hora de que lo sueltes todo ya.

- ¿El qué?- Preguntó él desconcertado.

- Lo sabemos, Beto. Sofía nos ha contado que ya no os habláis y bueno suponemos que alguna razón habrá para que tengas esa cara de muerto.- Murmuró Richie.- A no ser que sea por Jenni.

- No... Es por Sofía.- Dijo Alberto abstraído y agarrando con fuerza la cerveza que tenía en la mano.- Hoy me ha dado una caja llena de cosas que compartíamos y creo que se ha despedido... No entiendo nada...

- ¡Mujeres!- Dijeron casi todos a la vez.

- Beto, yo lo entiendo, Sofía te quiere, siempre te ha querido. Te come con la mirada cuando te mira, se vuelve loca cuando vienes. Está más que claro que siente algo más que amistad por ti.- Dijo Alfonso.

- ¡Vaya! Yo siempre he creído que estabais juntos pero que no querías decirlo.- Dijo otro de sus amigos.

- No... Sólo éramos amigos.- Dijo Alberto pensativo.- Pero ahora todo cobra sentido, ella me dijo que me quería y que yo a ella no- En medio del garaje de Alberto resonó un suspiro general como si a todos les hubiese ocurrido algo así alguna vez- Yo le dije que claro que la quería, pero ella me respondió que no cómo ella me quería a mí y era mejor avanzar.

- Ella da por supuesto que estás con Jennifer, enamorado y todo eso.- Resumió Richie- Y que no sientes nada por ella más allá de amistad.

- Y así es.- Dijo Alberto poco convencido entre risas de sus amigos.

- ¡Vamos Beto! Todos nosotros, los hombres, notamos cuando un tío se muere por una chica, y tú te mueres por Sofía, Jennifer te pone, a quien no, pero Sofía te gusta de otra manera y se te nota. Sino no estarías ahí muerto en vida. Que te puede joder perder su amistad pero te molesta más aún que el tío ese la tenga y tú no puedas tenerla entre tus brazos.

- ¡Hostia! ¿Y tú desde cuando eres tan experto en estos temas?, ¿Te lees la Cosmopolitan o que te pasa, tío?- Dijo Richie asombrado.

Alberto se quedó pensativo el resto de la noche, intentando interactuar de vez en cuando con sus amigos. Pero en su cabeza sólo pasaba una idea, y es que Alfonso tenía razón, quizás Sofía le llamase la atención más que una amiga pero... ¿Y Jennifer?

Al día siguiente eran las fiestas del pueblo. Alberto esperaba ver a su Sofía, bueno a Sofía por allí y descubrir si era verdad que lo que lo removía por dentro no era sólo la pérdida de contacto con su mejor amiga, sino también que la quería de otra manera. 

Y así fue, vio a Sofía bailar con sus amigas las rubias, como siempre, estaba muy guapa aquel día, al parecer el tío ese o separarse de él le estaba sentando muy bien. Alberto se acercó a la zona dónde ellas bailaban en medio de la gente con un par de amigos suyos. Se pusieron a intentar bailar hasta que él se paró porque Jennifer apareció de la nada y lo vino a abrazar. Pudo ver de frente la mirada de Sofía y la de sus amigas, y ver cómo se alejaba. 

- Jenni...- Murmuró él sabiendo en aquel instante todo lo que sentía, quería apartarla de él para ir corriendo detrás de Sofía, estaba más que claro a quien necesitaba.- Quiero a Sofía...

- Ya lo sé, tonto, seguro que pronto volvéis a ser amigos.- Dijo ella con esa sonrisa que tenía loco a todo el pueblo, porque la chica era guapa a rabiar, pero eso era lo que veía en ella, su belleza, no sentía otro tipo de conexión más allá.

- No digo eso, que ojalá, sino que... Creo que me gusta y mucho.

Jennifer lo miró con la boca abierta y se dio la vuelta con el ceño fruncido. Ya está con aquello la había perdido y era normal. 

Alberto olvidó enseguida aquel suceso. Posó la copa que llevaba en la mano en el suelo, miró a sus amigos haciéndole una seña de que se iba en la búsqueda de Sofía, a lo que ellos asintieron.

Tardó un par de vueltas, borracho, todo hay que decirlo, en encontrarla. Cuando lo hizo se acercó por detrás y sin decir nada, la agarró por el brazo para acercarla a él. 

- Hola.- Le dijo Alberto manteniendo la poco compostura que tenía.

- ¿Qué pasa?- Le respondió ella totalmente sorprendida.

- Esto pasa.

Le agarró la cara y la empujó hacia él hasta que pudo juntar sus labios con los de ella. Dado su estado no fue el mejor beso del mundo, pero sí, pudo notar que todas las sensaciones se le activaban por completo y respondían a la pregunta de que sí, quería a Sofía como más que una amiga. Tan pronto como sus labios se juntaron, Alberto sintió el deseo de acariciar a Sofía, le recorrió la espalda con sus manos y apartó su pelo de su cuello para atraerla en un leve agarre más hacia él.

Era Sofía, la chica a la que le gustaba el fútbol, las películas de Batman, los conciertos extraños, que hacía competición de quien bebía más cerveza con él... Sofía era su chica, y ya estaba demostrado.


¡Muchas gracias y hasta el próximo capítulo!






¡Un abrazote!

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