Carta al cantautor

2:51 Carla García 0 Comments



Hola, qué sencilla es esa palabra y a la vez tan importante. Hoy te escribo para confesarme de verdad, esta vez sin fingir ser de piedra. Hace algunos años pensaba que una relación significaba flores y canciones, ahor creo que es comodidad y emoción. Nosotros no compartimos más que miradas a veces y alguna que otra palabra, pero eso no quita que yo sienta esta carta como si de una extensión de mi mente se tratase.

No recuerdo el primer día que te vi, estaba acostumbrada a verte con ella, tu novia, esa persona fija de tu vida con la que llevabas demasiados años como para fijarte en alguien más ya. Conocía tu nombre y compartíamos amigos. Eras tímido, o eso pensaba al principio, poco a poco vi que la timidez era un estado de la relación que mantenías con ella. Siempre quieto en las fiestas vestido para no llamar la atención, como si fuese mejor que nadie notase tu presencia. Me creabas curiosidad, quería saber el motivo de que tu entrecejo estuviese siempre en posición de ataque y tu mente distraída, pero sobre todo, conocer las razones de porqué estabas con ella si ella estaba con todos a la vez.

Me ardía por dentro, yo no lo notaba, creía que era un simple cotilleo, que solo era "por hablar de algo". Pero llegó el día en que la abandonaste, quedando en soledad tu espíritu . En esa época yo no estaba presente, pues ni siquiera salía de casa. Me entretenía con alguna serie mientras hablaba con mi novio, el que estaba alejado de todo y me llevaba a mí con él. Llegó el día que yo también fui libre, pero no por elección, sufriendo un desgarre interno excesivo. Ya sabes, yo soy de las que quieren de verdad. El verano de libertad lo recuerdo confuso, te veía entre la gente pero sin realmente verte, estaba perdida; sentía que mi camino no avanzaba que había quedado estancada para siempre al estar libre.

Y pasó un otoño, y un invierno sin casi verte. Tus estudios te alejaron de nuestra ciudad. Recuerdo el día que mi amiga en medio de la cena dijo "Sí, al cantautor le han dado una beca de excelencia, al parecer es inteligente". Ese día volví a recordarte y pensar que qué duro habías trabajado para conseguir todo aquello con lo abstraído del mundo que parecías con ella. Y volvió la curiosidad a mí.

Vino el verano y volví a verte, esta vez parecías ansioso de mujeres, como si ni una o dos por semana pudieran satisfacer todos tus deseos. Vi como te besabas con una, como perseguías a otra, como bailabas con la siguiente.... Y no, eras libre, no consideraba que fuese algo malo, pero en el fondo quería ser yo todas aunque no lo sabía.

Fue en aquella fiesta cuando mi amiga y tú bailastéis juntos cuando mi curiosidad ya no era por cotillear sino que me di cuenta que me molestaba, que ella quería ser yo. No dije nada y me callé, como siempre se piensa, sentía que una persona como yo no era suficiente para ti.

Tú seguías con tu desfile de mujeres y yo mirándote desde una lejana cercanía. No miento al decirte que pensé en tener yo mi propio desfile de hombres, pero no podía porque soy de esas personas que tardan en recuperarse de una relación y necesitan su soledad, de año y algunos meses, y tú no, pero no es malo simplemente somos diferentes.

Una noche llegué al lugar donde estabas tú y nuestros amigos, recuerdo haber elegido el vestido minuciosamente analizando cada imperfección que generaba, no lo quería reconocer pero quería que me mirases, quería ser la especial, pero era un pensamiento de película. Y no sé cómo pero los astros se alinearon y te acercaste a mí, yo ya llevaba demasiadas copas como para disimular mi emoción, posaste mi brazo sobre mis hombros y empezaste a decir incoherencias, no era la única que llevaba um par de copas, después de ver que no iba a salir corriendo contigo como lo hacían las que querías te fuiste. Y si, me sentí tonta, pero yo no soy ese tipo de chica, y no es que sea mejor, simplemente diferente en ese sentido. Fue esa noche cuando mis amigas se dieron cuenta y cuando yo lo supe, nunca te iba a gustar por ser yo, si eso por un vestido.

Pasaban las semanas llegando al otoño, mi única manera de verte a parte de los sábados eran las redes sociales. Cada palabra y foto era analizada por mí. Me preguntaba cómo sin conocerte, ni cruzar muchas palabras contigo podía sentir y no aclararme, porque la vida no es una comedia romántica, ¿Sabes? Era irracional.

Durante el otoño y semanas hubo risas, chistes generales y fui descubriendo tu yo: el de las frases, el niño encerrado en un hombre, el excesivamente agradable con todo el mundo, el que achina los ojos cuando sonríe y hace un paso de baile con los pies cuando está nervioso, el que más liga(Aunque eso no me hiciese mucha gracia), el fiestero, el que se inventa chistes malos y es capaz de hasta grabar una canción sin saber cantar, el apasionado del fútbol si juega su equipo de una categoría menor y, el que todavía me falta demasiado por descubrir y escarbar en él.

Yo no soy la más interesante y esta carta es totalmente lo que llevo dentro. No espero que vengas corriendo hacia mí ni que me jures amor eterno, en realidad, sé que no te gusto. Desde el día que me sonreiste con la mirada en aquel bar no soy la misma persona, guardo esperanza donde no debería tenerla. Sólo espero que sepas que no puedo decirte que te quiero porque es demasiado pronto y debo conocerte entero, pero si puedo afirmarte que mi cariño por ti llega al punto de querer que todo te vaya bien, y que aunque no te lo diga cuando noto que estás mal deseo poder consolarte y darte ánimos, pero no tengo ese grado de confianza para hacerlo.

Esta es mi confesión, quiero conocerte.
Atentamente: La que se esconde en las fotografías

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