Nos estamos matando

7:00 Carla García 0 Comments



¡Hola a todos!

Hace alrededor de tres meses me llegó una propuesta por email con un asunto que decía "Necesitamos lanzar un mensaje". Al abrirlo me encontré con la propuesta de crear desde cero una ruta turística por la ciudad en la que vivo. Tuve miedo, no voy a mentir, dónde iba a encontrar un nuevo tema que abordar en una ciudad tan pequeña. Desde el principio tuve claro que existían demasiadas rutas que hablaban de la historia antigua y arquitectura de la ciudad, pero sólo una que abordase otro tipo de tema. Entonces después de hacer un pequeño estudio de la oferta de la ciudad, un día, paseando por el centro y estando en frente del centro de recepción de inmigrantes lo tuve claro: "La inmigración".

Soy gallega y vivo, durante los nueve meses de curso, en una de las ciudades principales de mi comunidad. Cuando me metí a estudiar turismo tenía claro que quería potenciar mi tierra, porque estamos llenos de todo: cultura, gastronomía, gente riquiña y especialiña... Lo tenemos todo (Por eso mismo fuimos elegidos este año como el tercer lugar del mundo más interesante por la revista Lonely Planet) En Galicia, si se habla de un acto migratorio se habla de la emigración, pues la canción de "Hay un gallego en la luna, sí" es verdad, todas las familias tienen un familiar que durante la época franquista emigró a otro país a buscarse un futuro. Por eso mismo en Callejeros Viajeros siempre aparecía un gallego explicando, si es que estamos en todas partes. 

Todo este pensamiento se unió a la pregunta de "¿Y cómo tratamos los  gallegos a los extranjeros?" y esto desembocó en una nueva búsqueda de información en la cual me sorprendí al llegar al resultado de que, a pesar de ser cerrados y desconfiados, somos muy amables, pero que cada vez existe más gente racista debido a políticas tomadas por el gobierno que hacen que rechacemos a los extranjeros y el miedo a los atentados islámicos también lo incentiva.

Fue entonces cuando me acordé de aquel niño, tumbado boca abajo en la costa de Turquía, queriendo escapar de una tragedia. Se me pusieron los pelos de punta y lo tuve claro, tenía mi mensaje, necesitaba gritar al mundo la necesidad de tolerancia y respecto, porque nos estamos matando entre nosotros. 

Con el mensaje ya escogido busqué información entre millones de libros, y no exagero, millones. Aparecieron tres inmigrantes que habían venido a la ciudad y uno había ayudado en la mejora de técnicas industriales, otro en la educación de los niños y el último había propulsado el liberalismo. Esas eran las personas para demostrar que los extranjeros no vienen a robar, simplemente en busca de un futuro como tantos otros gallegos buscaron en tierras que no eran las suyas y que sólo suman, porque la diversidad es cultura. 

Y así fue como se creó la ruta turística, alrededor de todo esto. El primer día que se hizo, estaba histérica, no sabes si el mensaje que estás lanzando (Porque no se dice directamente hasta el final) puede llegar a las personas cómo te llega a ti, y eso es lo complicado de ser guía, que no se puede transmitir lo mismo, porque cada persona tiene sus ideas y las hay que respectar.

En cambio, al final, en la evaluación, después de hacer una actividad con lazos unidos con un color dependiendo del lugar de origen, sólo vi buenas críticas, y todo el trabajo, pensamiento y mensaje que pudiera llegar de aquella manera tan maravillosa.

Y fue feliz, por haber a través de una ruta cambiado de algún modo un pensamiento previo, y por motivar al respecto. 

Y eso es todo, es toda la historia de hoy...

O no...

Quería aprovechar para hacer una reflexión que hace tiempo que está en mi cabeza. Esta ruta me ha aportado concienciación después de leer cuantos inmigrantes habían aportado a la ciudad tanto, y que poco reconocidos eran. Y también me hizo pensar en lo que está pasando, en que un día hay bombas en Europa y otro en África o Asia, y el ciclo se repite constantemente. Y todas las personas que mueren en estos actos tan crueles (Europeos, africanos y asiáticos, porque importan todos de la misma manera) no tienen culpa de lo que hacen los gobernantes y pierden su vida por el egocentrismo, el no diálogo y el poder absoluto y absurdo.

Y a mí me duelen esas personas. Sé que muchos de vosotros seriáis capaces de ver a la gente escalando los edificios en París, yo no fui capaz. No soy capaz aún ahora de saber el nombre del niño que apareció muerto en Turquía porque si conozco su nombre lloraré, a pesar de haber visto la foto y ya llorado un poquito. 

Sólo quiero decir que nos estamos matando, y todavía no tengo claro porque lo hacemos. No sé qué motivos pueden incitar a una persona a suicidarse, pero tampoco entiendo qué motivos hay para matar aquí o allí, porque al fin y al cambo los seres humanos lo son aquí y en la china.

Lo único que puedo decir para concluir es una palabra que muchos reconoceréis "Imagine".

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